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Sugerir terapia a quienes más se quiere. Cómo traspasar la barrera del “estoy bien”

La frase “estoy bien, no me pasa nada” es, quizás, una de las frases automáticas que más se pronuncia. Funciona como un escudo para proteger la intimidad cuando no existe la seguridad suficiente para abrirse, cuando la confusión interna impide poner en palabras lo que ocurre o, simplemente, por el deseo de no sobrecargar a los demás. Aunque facilita continuar con las exigencias de la vida cotidiana, termina construyendo una muralla que dificulta compartir lo que se siente y, sobre todo, atender aquello que está generando malestar.

Para quienes rodean a una persona que se muestra triste, angustiada o irritable, escuchar esa frase puede disparar sentimientos profundos de impotencia y frustración. Resulta complejo ser testigo del desborde emocional de un ser querido mientras se reconoce que no se cuentan con los recursos suficientes para ayudarla. Por ello, intentar traspasar esa barrera requiere de una sutileza especial y de un respeto profundo por la vivencia del otro, especialmente cuando el objetivo es sugerir la búsqueda de un acompañamiento terapéutico.

Invitar desde la observación 

El primer paso para lograrlo es propiciar un diálogo tranquilo, que evite los juicios y más bien invite a la aceptación de lo que se está viviendo. En lugar de sentenciar con un “estás mal” o un imperativo “tienes que ir a terapia”, es mucho más constructivo describir lo que se está observando desde una preocupación genuina. Por ejemplo, decir: “Te he notado muy triste últimamente y eso me preocupa; siento que te muestras cada vez más negativa y solitaria y veo que está afectando la forma en que nos relacionamos en casa”. De este modo, hay mayor probabilidad de abrir una puerta. 

Tan importante como el qué se dice es el dónde y el cuándo. Buscar un espacio de calma es fundamental —quizás compartiendo un café o un momento de esparcimiento— donde la otra persona no se sienta atacada ni presionada. Es vital mantenerse vigilantes para no lanzar la sugerencia en medio de una discusión o cuando la propia angustia esté en el punto más alto; en esos momentos de tensión, cualquier comentario será recibido como una crítica y se creará una muralla defensiva.

El apoyo en la acción concreta

Más allá de la conversación, el apoyo puede manifestarse a través de la ayuda logística. A veces, cuando una persona está emocionalmente agotada, la sola idea de buscar un especialista o agendar una cita se percibe como una tarea abrumadora para la que no queda energía. Ofrecerse a buscar opciones, investigar perfiles o ayudar a agendar la primera sesión es una forma tangible de comunicar acompañamiento, facilitando que el primer paso hacia el proceso terapéutico sea menos abrumador.

El enfoque en la infancia y adolescencia

Cuando se trata de los hijos, el enfoque mantiene la esencia del cuidado pero se orienta hacia el desarrollo. En la infancia y la adolescencia, el acompañamiento profesional no debe presentarse como una medida correctiva para una conducta, sino como una oportunidad para adquirir herramientas que fortalezcan su autonomía y bienestar.

Presentar la terapia como un espacio seguro y propio, donde el menor es el protagonista, ayuda a que este lo perciba como un recurso para entender su mundo interno. Se trata de transmitir que buscar ayuda es un acto de autocuidado que beneficia a todo el núcleo familiar.

El respeto por el proceso individual

Finalmente, es necesario recordar que, especialmente en la vida adulta, la autonomía es un principio fundamental. La terapia es un proceso voluntario que requiere de la convicción de quien la transita para ser efectiva. Si un adulto se niega de forma rotunda, forzar la situación suele ser contraproducente.

En el caso de los menores, aunque los padres toman decisiones orientadas a su bienestar, lograr su apertura al proceso es el factor determinante para el éxito del acompañamiento. En ambos escenarios, la labor más valiosa de quienes aman es mantener la puerta abierta desde la compasión, recordando constantemente que no es necesario transitar el malestar en soledad.

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